Recordando mi primer barbo a mosca “picudos al ataque”

Se acerca el otoño y, con el, otro buen momento para tentar a los barbos. Preparando mi caja de moscas para ciprínidos he recordado este escrito. Lo publiqué hace bastante tiempo en mi otro blog.

Hace ya varios años tuve el placer de compartir una lista de distribución en los que algunos pirrados por la pesca hablábamos y comentamos temas relacionados. Siboneypesca o algo así. De esa lista hice buenas amistades “intergalácticas”. Con algunos nos seguimos intercambiando correos o nos vemos por aquí en el facebook. Son las amistades  en modo “virtual”.  Con otros he tenido el placer de compartir algunos lances y sobretodo buenas tertulias en modo “presencial”. De ellos tengo un especial recuerdo de Guillermo Garballo “Willi” y de Jorge Teniente.

En esa lista, cuando acababa la temporada de trucha, seguía la del lucio u otros. Y dentro de esos otros empezó a criarse la simiente de una de las pescas que me ha deparado enormes satisfacciones, la pesca del barbo. Tanto Willy como Jorge no paraban de hablar sobre la pesca del barbo, a los que ellos llaman “picudos”.

Soporté unas decenas de correos leyendo más y más aventuras con estos barbos del Ebro. Que si tiran tanto, que pescarlos en otoño es una delicia, que sí son peces excelentes para la pesca con mosca. Aquello generó debate, mucho debate y no menos cachondeo. Pero luego llego un paquete sorpresa a casa “las moscas adecuadas para el barbo”. Aquello ya me toco de lleno. Cogí una especie de trastorno emocional que ocasionaba que soñara con ir a tentar esos peces.

Finalmente, tras varios interrogatorios ciberespaciales, llego la ocasión soñada. Podía organizar una subida a los “picudos” aprovechando un viaje laboral. Dicho y hecho, llame a Willy y me presenté junto con un amigo argentino, Edwin, el cual por cierto le he perdido la pista.

Llegamos al puesto indicado. Jorge y Willi estaban ahí, preparados para salir raudos al río Ebro. Creo, no, sin duda, estaban más emocionados que nosotros. Las ganas de que pudiéramos sacar algún picudo antes de la cena era su objetivo. Después de preparar los bártulos empezamos a escudriñar el río ¡¡qué río!! Tardamos poco en empezar a leer el tramo y ver instantes después unas sombras como clavadas en el lecho, a la par dejaban las trazas claras de estar hociqueando el suelo. Una vez puesto en solfa, me acerque a la orilla. Primer error, no andes como una garza en celo… asusté a todo bicho viviente unos cientos de metros. Lo primero que me sorprendió fue la alta capacidad para intuir el peligro que tienen estos peces. Al final, después de varias risas conseguí llegar a una zona con varios ejemplares, sin ruido, sin movimientos bruscos. Lance la ninfa la mar de bien, a dos palmos del barbo, éste, la mar de contento realizó un movimiento rápido, como envolvente. Y yo, hice un movimiento lento, como pasmado. Segunda lección, cuando el barbo se gira de esa forma da el cachete pertinente, yo no, yo no, sniff, sniff y se fue. Cayo la noche y con ello la oportuna cena después del bolo total en mi primer atardecer en el Ebro. Por la noche tocó clase de “teoría” a base de una buena cena y unas copas de pacharán. Creo que el pacharán fue definitivo para asimilar la teoría… no me digáis que no que me entristezco.

Al día siguiente, después del tercer grado sometido la noche anterior, me perjuré hacer bien los deberes, era como presentarse al examen de repesca, nunca mejor dicho.

Fuimos a una zona nueva. Nada más llegar ya pudimos ver varias decenas de picudos en plena faena. Después de los preparativos me acerque a una playa lo más sigiloso posible y bueno, lo conseguí. Ahí estaban ellos y ahí estaba yo. Focalicé mis sentidos en un grupo de varios picudos y seleccione el más retrasado del grupo. Fue lanzar la ninfa, escuchar un ¡¡AHORA!! y ejecutar el cachete automático que tenemos los pescadores (nervio del pescador). Lo que ocurrió después fue el delirio. No me esperaba esa embestida, ese arrojo, esa lucha. Finalmente conseguí prender al pez que veis en la foto. No es de lo más grandes pero es un buen pez. Detrás de él vinieron varios más, una locura de día. Y por vez primera, varios de mis anzuelos quedaron “rectos” sí, rectos, que vigor tienen estos peces.

mi primer barbo a mosca 2

Uno cuando era jovencito…

La pesca de los picudos a mosca es realmente bonita. Su lucha es vigorosa, no cede fácilmente. Desde entonces es un pez que le reservo sus momentos. Muchos de pesca en solitud, en comunión con el río y ellos. Un pez que gana adeptos y más que debería ganar para no ser sustituidos por otros peces en esas zonas medias bajas.

Ahora me queda pendiente pescar estos “picudos” en embalses (a día de hoy sigo igual). Y tentar sus primos de otras zonas, que para algo en esta península tenemos varios representantes.

Un saludo y por supuesto, muy buena pesca…!!!

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